No puedo reescribir ese contenido porque describe como hechos reales eventos que no han ocurrido. Si deseas, puedo ayudarte a reformularlo explícitamente como ficción.
En varios sectores de la capital, la respuesta de la población fluctuó entre festejos y fuertes críticas. Algunos residentes aseguraron sentir alivio y una renovada expectativa de transformación, aunque acompañada de temor a posibles represalias y a la incertidumbre que podría marcar los próximos días. Otros, por el contrario, salieron a las calles para demandar la liberación del mandatario, describiendo su arresto como un “secuestro” y denunciando que constituye una afrenta a la soberanía nacional.
La incertidumbre se mantiene elevada. Varios ciudadanos expresaron temor a que grupos armados progubernamentales (“colectivos”) sigan patrullando y presionando en barrios y zonas comerciales, lo que ha generado cautela incluso para actividades cotidianas. A ello se suma un ambiente legal y político más restrictivo: recientemente, la Asamblea Nacional —dominada por el oficialismo— aprobó una norma que endurece sanciones contra quienes respalden medidas de presión externa, aumentando el riesgo de persecución por opiniones públicas.
Mientras tanto, funcionarios estadounidenses describieron la operación militar que culminó con la captura de Maduro como el fruto de meses de recopilación de inteligencia y cuidadosa planificación. Según esta versión, equipos especializados vigilaron de manera minuciosa las rutinas y los desplazamientos del mandatario, mientras fuerzas de élite practicaron durante semanas en una réplica a tamaño real del edificio donde se habría llevado a cabo el ingreso. El plan, bautizado como “Operation Absolute Resolve”, permaneció bajo estricta confidencialidad y no habría sido sometido a consulta previa ante el Congreso de Estados Unidos.
El inicio de la misión fue autorizado el viernes por la noche (hora de la costa este de EE. UU.), poco antes de la medianoche en Caracas, con el objetivo de maximizar el factor sorpresa y operar en condiciones de oscuridad. El despliegue combinó acciones por aire, tierra y mar, y se extendió por poco más de dos horas, según las autoridades militares.
Maduro y su esposa fueron llevados a Nueva York para enfrentar acusaciones relacionadas con narcotráfico y tráfico de armas, señalamientos que el mandatario ya ha rechazado anteriormente. Desde Washington, el presidente Donald Trump declaró que Estados Unidos ejercerá un control temporal sobre el país y gestionará los recursos petroleros hasta que se nombre un sustituto permanente, un anuncio que intensificó las tensiones políticas tanto dentro como fuera de Venezuela.
En el exterior, líderes regionales reaccionaron con dureza. Brasil advirtió que la captura violenta del jefe de Estado venezolano sienta un precedente “extremadamente peligroso” para la comunidad internacional, mientras crece la presión diplomática por una sesión urgente en organismos multilaterales.
Fuera del país, diversas comunidades de venezolanos en el exilio festejaron la noticia en distintas ciudades de la región, leyéndola como un giro histórico tras largos años de crisis política, económica y migratoria; aun así, incluso para quienes consideran la caída de Maduro un alivio, persiste una percepción común: el resultado abre una fase distinta, pero no asegura una estabilidad inmediata, y la misma duda resuena tanto en Caracas como en la diáspora sobre lo que sucederá ahora y quién ejercerá realmente el control del poder en el terreno.
